Por Sergio Enrique Gaitán S. Country Manager de AVIXA para México y Centroamérica
Llegué a esta industria, tal vez como tú, en una etapa muy distinta a la actual, y desde entonces mucho ha cambiado. No solo la tecnología, las empresas y roles involucrados o los tipos de proyectos, sino el mundo en general. En esta ocasión, quiero detenerme a reflexionar sobre cómo ha evolucionado —y lo sigue haciendo— el rol de la persona responsable de la implementación de un proyecto en sitio.
Cuando me integré a la industria, hace más de 20 años, el perfil del integrador o técnico de campo era bastante similar en la mayoría de los casos. Se trataba de alguien fuerte, hábil, no siempre el mejor comunicador, pero con una gran capacidad para hacerse entender. En muchas ocasiones, era también quien lograba mayor confianza con el cliente, de forma natural, ya que era la persona que más interactuaba con él; era el último en salir del proyecto y con quien se afinaban detalles de instalación o programación, y el primer testigo del asombro del cliente.
En ese entonces, las responsabilidades del instalador eran claras y relativamente consistentes. Fijar equipos a muros, techos o pisos, cablear, armar racks y terminar una infinidad de conectores para interconectar los sistemas. Cada proyecto era distinto, pero la fórmula se repetía: generalmente existía un site o punto central donde llegaban todas las tiradas de cable y desde donde se administraban las funciones del sistema.
Hoy, soldar conectores es mucho menos habitual, las pinzas para ponchar cable UTP se han convertido en una de las herramientas más comunes, y la administración de funciones rara vez se realiza desde un site físico, y con mucha frecuencia sucede desde una laptop, sobre equipos distribuidos en toda la instalación.
El perfil del instalador atraviesa una clara etapa evolutiva. Algunos elementos permanecerán constantes —como la necesidad de distribuir equipos para llevar señales y contenido hasta y desde los usuarios—, pero la configuración, puesta en marcha, calibración y resolución de problemas se han vuelto tareas mucho más cotidianas.
Si lo vemos desde el punto de vista de habilidades, los esfuerzos físicos, aunque no han desaparecido, han sido reemplazados gradualmente por esfuerzos mentales. Actividades como la gestión de proyectos, la resolución de problemas y la documentación son hoy fundamentales. Esto explica porque muchas empresas han comenzado a exigir estudios universitarios, así como conocimientos de programación, electrónica o acústica, para ocupar estos puestos.
Lamentablemente, lo que no ha cambiado al mismo ritmo es la postura de algunas empresas frente a este rol. Aunque históricamente el puesto de instalador ha sido el punto de entrada a la industria audiovisual profesional, y muchos de los perfiles más interesantes de la industria actualmente comenzaron desde allí, en muchos casos sigue sin recibir la atención y la formación que requiere. Aún hoy, muchos técnicos aprenden nuevas tecnologías, marcas o protocolos directamente en obra, a prueba y error, porque la capacitación formal suele quedarse en las áreas comerciales o de diseño.
Esto no solo es percibido por los clientes, sino que también alarga los tiempos de instalación y genera tensión con los distribuidores y fabricantes. Te sorprendería saber cuántas veces he escuchado la frustración generada por las conversaciones de soporte que no pueden ser atendidas o al menos no de manera sencilla por niveles de conocimiento insuficientes de quien solicita el apoyo, lo que dificultan e incluso hace imposible brindar soporte adecuado.
La ironía es que la tecnología ya no obliga a los técnicos a pasar el día haciendo conectores o montando pantallas pesadas. Por un lado, el conector de red es ahora la norma en los proyectos AV y, mientras tanto, los equipos incorporan cada vez más funciones y herramientas para simplificar la instalación. Videowalls, soportes de LED, software y programaciones preconfiguradas buscan ahorrar tiempo en campo para el personal técnico. Claramente, el objetivo no debería ser usar ese nuevo tiempo “libre” para que el técnico aprenda sin las herramientas adecuadas o en la obra frente al cliente.
Estamos conscientes de que sacar a un instalador de un proyecto para enviarlo a capacitación sigue siendo muy “costoso” para muchas empresas, y se entiende porque. Sin embargo, seguimos sin darle a este rol la relevancia estratégica que merece. En decisiones clave —nuevas marcas, herramientas o soluciones—, rara vez se integra al técnico de campo en la conversación.
La miniaturización y la reducción de peso en los equipos han facilitado la instalación física, pero han incrementado la complejidad lógica. Versiones de firmware, drivers, múltiples dispositivos en una misma ruta de señales y plataformas de configuración muy diferentes entre marcas son hoy la realidad diaria del instalador.
Todo esto nos lleva a una conclusión clara: el mayor valor que hoy aporta un técnico de campo ya no está más en el esfuerzo físico, sino en su capacidad de análisis, configuración y resolución de problemas. Y eso debe considerarse desde el momento de su búsqueda, contratación y retención.
En este contexto, los servicios representan una enorme oportunidad para la industria AV. Actividades como la preinstalación y pruebas en laboratorio permiten reducir tiempos en obra, mejorar la experiencia del cliente y elevar la percepción de valor mediante documentación, memorias visuales y procesos más transparentes.
Además, estos entornos controlados permiten aprender, experimentar y desarrollar nuevas ofertas, incluso en conjunto con fabricantes. No es casualidad que el rol de campo sea el más numeroso en la industria, pero también el que menos participa en cursos, webinars o eventos como InfoComm América Latina.
Esperamos que, junto con tu equipo técnico, puedan optimizar el tiempo, profesionalizar aún más el trabajo diario y transformar ese esfuerzo en servicios que el cliente valore y esté dispuesto a pagar. Como siempre, en AVIXA estamos para apoyarte.
¡Hasta pronto! Escríbeme a sgaitan@avixa.org









