Basílica de Guadalupe en Pachuca: la Palabra que ahora se entiende

Cuando el eco impedía que la Palabra de Dios llegara a los feligreses, el Padre Tomás Roque Cruz buscó una solución y lo que encontró superó todas sus expectativas.

En Pachuca, Hidalgo, existe un templo emblemático al que la gente no siempre llama por su nombre completo, sino que se refiere a él simplemente como la Basílica de Pachuca —un distintivo de afecto más que de dimensión, el mismo traslado emocional que hacen los hidalguenses al comparar su santuario con la Villa de Guadalupe en la Ciudad de México.

La Basílica de Guadalupe en Pachuca representa el recinto católico más visitado del estado: cerca de 1,200 misas al año y hasta 80,000 peregrinos concentrados entre el 11 y el 13 de diciembre. Durante esos días de devoción masiva, el templo se transforma cuando la administración retira las bancas para dar cabida a las multitudes que abarrotan cada oficio. Durante años, en medio del fervor, la palabra pronunciada desde el altar llegaba al feligrés convertida en sonido deforme y la inteligibilidad resultaba nula.

El Padre Tomás Roque Cruz encabeza esta parroquia desde hace 15 años, conoce cada columna, vitral y rincón de los 1,488 metros cuadrados de la estructura, y conocía bien el problema. “El eco era muy fuerte, excesivo. Bocinas que lanzaban el sonido a todas las direcciones”. Para el párroco, la claridad acústica no constituye un parámetro técnico aislado, sino que representa una condición litúrgica. “Se viene a ver un ritual y a oír la Palabra de Dios. Si los fieles no entienden, fallamos en un aspecto fundamental”.

Se viene a ver un ritual y a oír la Palabra de Dios. Si los fieles no entienden, fallamos en un aspecto fundamental”.

Padre Tomás Roque Cruz

Lo que la piedra no perdona

La actual basílica comenzó a mediados del siglo XIX como una ermita levantada sobre el antiguo Camino a México, y en 1907 Virginia H. de Hernández —esposa del secretario de gobierno del último gobernador porfirista de Hidalgo— costeó una capilla más digna, ya que una mujer devota y con recursos decidió que el sitio merecía una construcción superior al adobe. En 1923 el recinto ascendió a parroquia y el 2 de febrero de 1952 el arzobispo Monseñor Arsega ordenó edificar el templo actual, un proyecto que tomó más de cinco décadas y se financió, en su mayor parte, con las limosnas dominicales de la comunidad.

El resultado arquitectónico abarca 62 metros de largo por 24 de ancho en una nave rectangular sostenida por diez columnas, fachada de cantera tallada, vitrales de Gabriel Peñafiel que narran las apariciones guadalupanas y pinturas de los cuatro evangelistas sobre piedra, cantera y vidrio, que forman superficies duras y paralelas sin elementos de absorción acústica.

La historia del edificio destaca por ser reciente, mientras que la de la imagen que custodia es antigua; diversos historiadores sostienen que la Virgen venerada podría ser la misma que ocupó la primera capilla guadalupana de Pachuca en 1596, una hipótesis que el templo mantiene abierta y la fe local asume como cierta. En 2004 el Papa Juan Pablo II elevó el templo a Basílica Menor, aunque para entonces la nave acumulaba décadas con un sistema de audio deficiente para la acústica del espacio.

Treinta bocinas y ninguna respuesta

Miles de personas acudían a escuchar, pero la arquitectura impedía la comprensión porque el sistema contaba con casi 30 altavoces distribuidos por toda la nave que generaban un efecto adverso. Cada bocina excitaba el campo reverberante del recinto, sumaba reflexiones tardías y convertía la palabra articulada en ruido, formando un muro de eco donde las lecturas del sacerdote se perdían antes de alcanzar los últimos bancos. “Lo único que hacían era excitar mucho más el cuarto”, señala Gustavo Bruce Reyes, Gerente de Ingeniería de Soluciones Plánica, pues el problema no radicaba en la presión sonora, sino en la inteligibilidad.

Existía un agravante operativo consistente en una mezcladora analógica con múltiples controles que distintos operadores ajustaban en cada servicio, de modo que no existían dos misas idénticas en términos sonoros y la variabilidad agravaba el desempeño.

Un diagnóstico con historia

El Padre Tomás acudió a Soluciones Plánica impulsado por la trayectoria de la firma, ya que el párroco operaba altavoces Bose Professional desde años atrás, primero en su capilla de Tulancingo y después en el seminario donde ejerció como rector e instaló equipos en el salón de actos, la capilla y el comedor. La experiencia previa respaldaba la tecnología porque el sacerdote había verificado en recintos de menor escala los resultados de un diseño acústico riguroso, aunque la Basílica de Guadalupe en Pachuca planteaba otra dimensión y complejidad y, al decidir la intervención del audio, mantenía el objetivo claro de lograr que la Palabra resultara inteligible.

Soluciones Plánica inició el proyecto mediante análisis fotográfico, simulación acústica en el software Bose Modeler y mediciones in situ, aprovechando que la geometría del templo —una planta rectangular sin transepto ni forma de cruz— facilitaba una simulación lineal. A diferencia de templos donde la cobertura exige segmentación para zonas irregulares, la Basílica de Pachuca ofrecía un eje acústico continuo de 62 metros y la propuesta de Plánica transformó el enfoque previo: mientras el párroco preveía una sustitución directa de las 30 bocinas por unidades de mayor gama, la ingeniería propuso reducir los puntos de emisión y direccionar la energía de forma precisa.

La idea no es poner un altavoz en cada columna, que es lo que normalmente se ha hecho durante toda la vida. Es una lógica de cobertura distinta”

Gustavo Bruc

El sonido que no sube al techo

El proyecto prescindió de los 30 altavoces puntuales y los reemplazó con cuatro torres de altavoces MA12 en configuración stack, donde dos torres triples cubren la zona delantera con mayor potencia y control de directividad vertical y dos torres dobles, situadas a 30 metros de distancia, refuerzan la zona media y trasera. La bocina MA12, con una cobertura horizontal de 145°, concentra la energía sonora en el plano de audiencia y minimiza la radiación hacia el techo y el suelo, que representan las superficies que más alimentan la reverberación en la estructura. La nave rectangular facilitó el control porque las reflexiones laterales se integraron al diseño, mientras que la energía dirigida hacia la cubierta —la más nociva para el índice de inteligibilidad— se eliminó.

Las torres requerían una altura específica de montaje para garantizar el patrón de directividad diseñado, lo que en una edificación histórica suele presentar restricciones. “Si eso es lo que se necesita, vamos a hacer esa modificación”, afirmó el Padre Tomás al autorizar la intervención en las bases de las columnas. Las torres se fijaron a la altura requerida y el acabado en color blanco de los altavoces integró los componentes a la arquitectura. “Hay gente que ni siquiera sabe de dónde viene el sonido”, detalla Gustavo, a lo que el Padre añade: “No me interesaba tanto lo estético, sino que se oyera. Resultó que también la colocación ayudó a la estética, algo magnífico”.

Para el altar y el presbiterio —donde el celebrante, los concelebrantes y el coro requieren monitoreo— la firma instaló dos altavoces DesignMax DM5SE que proporcionan una cobertura localizada para la señal de micrófonos e instrumentos, excluyendo el órgano monumental, sin inyectar energía dispersa hacia la nave principal. En ceremonias solemnes con presencia obispal o agrupaciones corales amplias, este refuerzo permite a los oficiantes percibir el mismo audio que la congregación sin interferencia de las reflexiones del recinto.

La mesa de mezclas analógica se retiró del sistema y los micrófonos de la basílica —ambones, altar y coro— ingresan directamente al procesador ControlSpace ESP-1600, el cual gestiona mezcla, ecualización y alineación temporal entre torres de forma centralizada. La eliminación del mezclador manual erradicó la inconsistencia operativa, de modo que con el procesador ESP-1600 la respuesta del sistema permanece estable y repetible. Dos amplificadores PowerMatch PM8500N administran la potencia multicanal por zonas y una interfaz de control CC64 simplifica la operación para que el personal de la parroquia opere desde misas cotidianas hasta celebraciones solemnes con la misma configuración base sin requerir conocimientos técnicos de audio.

La prueba desde los últimos bancos

Los primeros en percibir la mejora fueron los feligreses habituales, quienes registraban años sin comprender el mensaje, y tras las primeras misas con el sistema instalado los asistentes se acercaron al párroco para consultar sobre el cambio. Desconocían los detalles de electroacústica, pero percibían la claridad en cada palabra.

“Ya estaban tan acostumbrados que realmente no entendían nada de lo que estaba sucediendo”, recuerda Gustavo Bruce, destacando que aquello constituyó una sorpresa muy grande.

El resultado generó un efecto multiplicador que llevó a párrocos de diversos templos del estado a evaluar la instalación, contratando varios de ellos soluciones similares. Desde la entrega del proyecto, Soluciones Plánica ha ejecutado cuatro instalaciones en recintos religiosos de Hidalgo motivadas por la referencia de la Basílica de Guadalupe en Pachuca, donde comentan que ahora se escucha muy bien y acuden a experimentarlo por sus propios oídos.

Integrador: Soluciones Plánica — Gustavo Bruce Reyes, Gerente de Ingeniería

Ficha técnica

ProductoDescripciónCantidadUbicación
MA12Altavoz tipo columna10Nave central — 2 torres triples (frente) + 2 torres dobles (media-trasera)
DesignMax DM5SEAltavoz para instalación a superficie2Altar y presbiterio
PowerMatch

PM8500N
Amplificador multicanal 22Rack central
ControlSpace ESP-1600Procesador digital1Rack central
ControlSpace CC64Botonera de control1Control operativo