WSDG diseña Swing Music 2.0 en Buenos Aires — un par de ambientes de composición para Andrés Goldstein y Daniel Tarrab que resuelven algo que pocos proyectos logran: que cada estudio se sienta de quien lo usa.
Hay estudios que se diseñan para impresionar y estudios que se diseñan para trabajar. La diferencia no siempre es obvia en las fotos, pero se siente a los veinte minutos de estar sentado frente al monitor. Swing Music 2.0 pertenece claramente a la segunda categoría — y eso no es un accidente sino el resultado de un brief que Goldstein y Tarrab llevaron a WSDG con una idea muy clara de lo que necesitaban y de lo que no querían repetir.
Andrés Goldstein y Daniel Tarrab llevan décadas componiendo para cine, televisión y multimedia desde Buenos Aires. Su catálogo incluye trabajo con Luis Puenzo en una producción de Steven Spielberg, la película XXY de Lucía Puenzo presentada en Cannes en 2007, la serie Inheritance ganadora del Emmy, y producciones recientes para Netflix, Prime Video y StarzPlay. No son compositores que empiezan — son compositores que saben exactamente cómo trabajan y qué les falla cuando el espacio no acompaña.
La relación con WSDG no era nueva. La firma ya había diseñado la versión anterior de Swing Music, lo que le dio a Sergio Molho y su equipo un punto de partida que pocas veces existe en este tipo de proyectos: contexto real sobre cómo los clientes producen, no solo sobre lo que dicen que necesitan.
Dos flujos de trabajo, dos personalidades
La decisión de diseñar dos ambientes distintos en lugar de duplicar un mismo modelo fue, probablemente, la más importante del proyecto. Goldstein y Tarrab comparten empresa y visión creativa, pero no comparten metodología — y forzar ambos procesos en un mismo esquema técnico habría producido exactamente el tipo de estudio genérico que ninguno de los dos quería.
El estudio de Goldstein — Swing Godoy Cruz — está centrado en un flujo de trabajo de scoring híbrido. Mac principal con Mac esclavo dedicado a librerías de sonido, monitoreo Genelec 8331A, interfaz Focusrite Scarlett de cuarta generación, compresor Avalon, superficie de control Studiologic y micrófonos AKG 414 y Neumann. Una cadena pensada para moverse rápido entre composición, programación y referencia de imagen — con Smart TV integrada para trabajo contra picture.
El estudio de Tarrab — Swing Control Z — combina producción digital con una colección de instrumentos y equipamiento analógico que define su proceso tanto como cualquier plugin. Hackintosh como sistema principal, PC esclavo, StudioLogic SL88-Grand, preamplificador Avalon AD2022, interfaz SSL 2+, monitoreo Genelec 8040A, micrófonos AKG 414 y Neumann U87. Y entre los instrumentos: un Steinway & Sons Vertegrand de 1905, un Yamaha CP70, bajo Fender Jazz y varias guitarras Epiphone. No es una colección decorativa — es parte activa del proceso compositivo.
“Cada uno de nosotros tiene una relación muy personal con el sonido, los instrumentos y el flujo de trabajo”, explica Tarrab. “Lo que más valoré fue que WSDG nunca abordó el proyecto con una mentalidad de talla única. Escucharon con cuidado cómo creamos música realmente y diseñaron espacios alrededor de esa realidad.”
Acústica que desaparece
El alcance del encargo para WSDG fue amplio: diseño acústico, integración técnica, planificación de flujo de trabajo, diseño de iluminación e interiorismo técnico para ambos ambientes. Un brief así puede producir estudios técnicamente impecables que se sienten como laboratorios — o puede producir estudios donde uno quiere quedarse a trabajar doce horas seguidas. La diferencia está en cómo se resuelve la tensión entre precisión acústica y carácter musical.
Goldstein lo describe con precisión: “Uno de los aspectos más importantes fue crear espacios que desaparecen cuando estás trabajando. Técnicamente, todo funciona exactamente como necesitamos, pero emocionalmente los estudios también se sienten cálidos, relajados y musicales. Ese equilibrio es extremadamente difícil de lograr.”
Es una observación que cualquier integrador con experiencia en estudios de composición reconoce de inmediato. La acústica que no se nota es la acústica que funciona — y lograrlo en dos ambientes con perfiles de uso tan distintos, dentro de un mismo proyecto y con coherencia visual entre ambos, es un resultado que no se improvisa.
El factor WSDG
Sergio Molho, Senior Partner y Co-CEO de WSDG, encabezó el proyecto desde Buenos Aires — una de las ciudades latinoamericanas con masa crítica suficiente de producción audiovisual para sostener instalaciones de este nivel de manera continua. La firma lleva décadas operando en ese cruce entre arquitectura, acústica y tecnología, con un portfolio que va desde Electric Lady Studios — diseñado originalmente por el cofundador John Storyk para Jimi Hendrix — hasta estudios personales de Jack Antonoff, Bruce Springsteen y Bob Marley, pasando por proyectos institucionales para Netflix, ESPN, Sony y el Museo Nacional de Qatar.
Ese contexto importa porque define el tipo de interlocutor que Goldstein y Tarrab tuvieron frente a ellos. No un integrador que ejecuta especificaciones — un equipo con criterio propio sobre cómo debe sonar y sentirse un estudio de composición.
“Trabajar con Sergio y el equipo de WSDG se sintió increíblemente colaborativo de principio a fin”, dice Tarrab. “Había una comprensión real de que estos estudios no eran solo salas técnicas, sino ambientes creativos donde las ideas necesitan fluir naturalmente.”
Swing Music 2.0 opera hoy como hub de producción para el trabajo creciente de ambos compositores en cine, televisión y multimedia. Dos estudios con identidades propias, un ecosistema de producción coherente, y la particularidad de que cada espacio se siente exactamente como la persona que lo usa — que es, en el fondo, el estándar más difícil de cumplir en este tipo de proyectos.
WSDG: diseño acústico como disciplina
WSDG —Walters-Storyk Design Group— es una de las firmas de consultoría acústica y AV con mayor trayectoria internacional en el diseño de entornos de producción musical y audiovisual. Fundada por el arquitecto y acústico John Storyk y la diseñadora Beth Walters, la firma opera desde oficinas en Nueva York, Miami, Basilea y Berlín, con una red de representación global.
Su metodología integra diseño acústico, consultoría técnica AV, planificación de flujo de trabajo e interiorismo técnico en un proceso unificado — lo que en proyectos de estudio se traduce en ambientes donde la arquitectura y la tecnología resuelven juntas, no por separado.
Entre sus proyectos de referencia: Electric Lady Studios (Nueva York), Jungle Studios (Nueva York), Church Studios (Londres), Rue Boyer (París), Spotify Los Ángeles, y proyectos institucionales para Netflix, ESPN, Sony y la Beijing Film Academy. En América Latina, Swing Music 2.0 representa su trabajo más reciente en el segmento de estudios privados de alto nivel.





