El arquitecto Germán Velasco nos comenta que lo que más disfruta al hacer un proyecto en el que tienes la posibilidad de intervenir un edificio antiguo, es la gran oportunidad de transformarlo para darle una nueva vida útil. Para el proyecto del restaurante El Presidio Casa Bon, le dio como materia prima una casona de finales del siglo XIX en Culiacán, Sinaloa, en la parte norte de México.

El inmueble estaba abandonado y mostraba los materiales existentes de construcción, por lo que decidió aprovechar esta condición y convertirla en el eje del proyecto. Uno de los elementos que llamaron su atención fueron los pisos originales del lugar, con un estilo ajedrez en blanco y negro. Combinando estos dos elementos decidieron dejar los muros y techos aparentes, restaurando solamente las partes donde era necesario, e inclusive aprovecharon las plantas que en su forma natural ya se habían adueñado de algunos espacios. Inspirado por el piso original, hizo una nueva propuesta que remitiera a su pasado con un diferente patrón geométrico que le da una nueva imagen y dinamismo, recorriendo todos los espacios interiores y subiendo a algunos muros.

Este proyecto cuenta con una zona de restaurante interior y otra en el exterior dentro del patio que está rodeado por arcos. Para poder aprovechar esta zona todo el tiempo, se decidió instalar una cubierta retráctil de vidrio que permite aprovechar la luz natural durante el día y aislar el espacio de acuerdo con las condiciones del clima. El bar y la cava también son dos espacios muy protagónicos y con presencia en todo el concepto, ya que la barra recorre las áreas dejándose ver a través de puertas o escondiéndose por la presencia de muros.

El patio con piso de granito y el jardín con espejo de agua y vegetación más selvática, dan al comensal un lugar de reposo y convivencia con la vegetación endémica de la zona. El pasillo que conduce a los baños tiene espejos en diferentes direcciones y luz neón en dos colores —rosa y azul—que dan reflejos sobre este muro irregular sin saber exactamente de dónde viene la fuente de luz o incluso la imagen de lo que se refleja en ellos.

En los baños, el piso de pasta se apodera hasta cierto nivel de los muros, enmarcando así los lavabos monolíticos fabricados en terrazo negro con espejos redondos de latón que tienen como fondo una ventana por la cual se disfruta de la luz y la vegetación del exterior.

El mayor reto – y lo que más disfrutó el equipo de Germán Velasco Arquitectos – fue reconstruir el espacio fusionando lo viejo con lo nuevo, sin enfrentar el uno con el otro. Todo esto con el fin de lograr que ambos elementos convivan dentro de un mismo ambiente de manera armónica. Simplemente hay cosas que no se pueden eliminar, por lo que decidieron aceptar la existencia y la huella del paso del tiempo como parte de la historia del lugar para resaltar la esencia original del espacio.